9 de diciembre de 2017

Picamaderos negro criando en eucalipto

El picamaderos negro Dryocopus martius es un pícido o pájaro carpintero que habita en bosques caducifolios y de coníferas desde la Cordillera Cantábrica por el Oeste hasta Japón y la Península de Kamchatka (Rusia) por el Este. Presenta por lo tanto una amplia distribución por los bosques templados y boreales de Eurasia. En la Península Ibérica hasta tiempos recientes había dos poblaciones incomunicadas entre sí, una en la Cordillera Cantábrica y otra en los Pirineos, estando ambas también aisladas del resto de su extenso área de distribución. 

En la Cordillera Cantábrica era una especie relegada a bosques caducifolios maduros y de cierta extensión, bien puros de haya o mixtos de haya y roble, pero siempre instalando su nido en el pie de un haya con unas determinadas características (fuste recto y alto, sin ramas por debajo...) como pudimos comprobar en un estudio que realizamos en el año 2001 en el Monte Ucieda, dentro del Parque Natural Saja-Besaya (Cantabria) y publicado en el nº 1 de la revista Locustella y cuyo pdf me podéis solicitar a través del correo electrónico. 

En las dos últimas décadas la situación ha cambiado y la especie ha sufrido una expansión de su área de distribución y de su población, estando ya conectadas a comienzos de la presente década la población cantábrica y pirenaica a través de los Montes Vascos (Gainzarain y Fernández-García, 2011). 

Centrándonos en Cantabria, hace años que ya ha dejado de ser un habitante exclusivo de los bosques caducifolios maduros y extensos, habiendo ampliando su presencia a plantaciones forestales de coníferas, sectores de campiña arbolada, bosques mixtos o incluso formaciones de ribera. Esta expansión y ampliación de los ambientes ocupados, me recuerda personalmente mucho a la evolución que también ha tenido un mamífero forestal con el que comparte distribución Eurosiberiana y similares requerimientos en cuanto al hábitat y que curiosamente es uno de sus depredadores, me refiero a la marta Martes martes. Dicho mustélido también ha pasado de tener una presencia limitada a los bosques caducifolios, a ocupar hoy en día cualquier medio forestal y no tan forestal, incluidas áreas periurbanas o plantaciones de eucalipto. 

Pero lo que más me ha impactado de la evolución del picamaderos negro en nuestra región, es el haber comprobado como una pareja sacaba adelante esta pasada primavera su pollada (al menos tres jóvenes), en un nido construido en un eucalipto Eucalyptus globulus en el municipio de Castañeda (Cantabria), en lo que constituye el primer caso conocido y documentado en esta Comunidad Autónoma. Para los que desde hace muchos años sentimos una atracción especial por esta especie y venimos estudiando incluso su ecología y demografía, nos sorprende e impacta el ver un nido ocupado de picamaderos negro en un eucalipto. 


Joven en el interior del nido aguardando la llegada de los adultos.



A continuación un vídeo con los jóvenes en el nido y los progenitores alimentándolos a finales de Mayo, cuando también abandonaron el nido.




Quiero dejar claro que no por hacer esta entrada estoy a favor de las plantaciones de eucalipto y menos aún en la forma en como se gestionan, dado que como ya de sobra se ha demostrado, producen un enorme daño al suelo al empobrecerlo brutalmente y también a los ríos y estuarios, cuando dichas plantaciones son taladas a matarrasa y la lluvia posterior arrastra gran cantidad de tierra desnuda a los ríos y arroyos, los cuales se tornan marrones, acabando con frezaderos de salmónidos y empobreciendo el ecosistema fluvial y estuarino con dichos sedimentos. Por no hablar de que dichas plantaciones han destrozado el paisaje de la Cornisa Cantábrica. No obstante, sí que me parece interesante reflejar como la fauna (al menos algunas especies) se adapta, evoluciona y nos deja una secuencia tan impactante como es una pareja de picamaderos negro sacando adelante sus polluelos en un eucalipto.

Por último, quiero agradecer a Mario González Corral el haberme informado sobre la presencia de esta pareja. 

2 de diciembre de 2017

El oso pardo en la Cordillera Cantábrica oriental

Cuando comencé a salir al campo a comienzos de la década de los 90, ver uno oso en la población osera oriental era poco menos que misión imposible y no digamos ya verlo en Cantabria, donde su presencia era ocasional en algunos municipios de Liébana (Camaleño, Vega de Liébana y Pesaguero), en Polaciones o en la Hermandad de Campoó de Suso. Eran los peores momentos para el oso en la Península Ibérica y en particular para la población de la Cordillera Cantábrica oriental, que no superaba los 20-25 ejemplares. 

Un cuarto de siglo después, la población se ha ido recuperando lentamente, más rápido en la población occidental que partía de un mayor número de individuos. Por su parte la oriental ha duplicado sus efectivos (según datos oficiales), gracias en buena parte al aporte de ejemplares en dispersión desde el sector occidental. En el caso de Cantabria también se ha notado ese aumento poblacional, habiendo hoy en día presencia constante e incluso hembras reproductoras en Liébana, Polaciones y Hermandad de Campoó de Suso, habiéndose ampliado además en los últimos años su distribución a otros municipios con menos tradición osera en tiempos recientes, como es el caso de Tudanca, Rionansa, Lamasón, Mancomunidad de Campoó-Cabuérniga, Valdeolea o Valderredible. 


Hábitat osero en la comarca de Liébana (Cantabria).




Cabe destacar que en determinados años Cantabria se convierte en un lugar muy importante de alimentación para el grueso poblacional oriental, especialmente en un momento tan delicado como es el otoño, cuando necesitan comer abundantemente para superar con éxito el invierno y la hibernación, aquellos ejemplares que la realicen. Esto sucede ciertos años de abundancia de fruto seco (bellota o hayuco) en la cara norte de la Cordillera Cantábrica y ausencia de cosecha en la vertiente sur, algo que está sucediendo por ejemplo este otoño.

La pasada primavera realicé varias observaciones de la especie en la Cordillera Cantábrica oriental, a gran distancia y con ayuda de potente óptica, destacando una mañana en la que pude localizar un total de 4 ejemplares, algo que si me hubieran dicho hace años me hubiera costado mucho creer. A continuación un vídeo recopilatorio con las imágenes de estos ejemplares. 




Desgraciadamente las amenazas para la especie no han cesado y el número de casos de mortalidad vinculada a las actividades humanas es preocupante (envenenamientos, lazos, disparos por error en batidas de jabalí...). Sin ir más lejos el mes pasado resultó herido un oso pardo al ser confundido con un jabalí y recibir al menos un disparo en un monte de la Montaña Palentina. Da la casualidad de que hace pocos años un episodio similar acabó con otro oso herido en similares circunstancias y en dicha provincia. La mayoría de estos episodios de mortalidad no natural en la población oriental se han venido produciendo en el norte de Palencia, en la Reserva Regional de Caza de Fuentes Carrionas que además es Parque Natural, lo que sin duda pone en entredicho la compatibilidad de este tipo de actividad cinegética con la conservación del oso pardo. 

28 de noviembre de 2017

Estudio de perturbación asociado a una experiencia de turismo ornitológico

Estudio científico recomienda restringir la navegación en canales de menos de 200 metros de anchura para minimizar las molestias a las aves: In memoriam Francisco Romero

Termina Noviembre. La mayoría de las aves acuáticas que van a pasar la invernada en las marismas de Santoña ya han llegado o están a punto de hacerlo. Esta será ya la decimotercera temporada que, de forma ininterrumpida, la empresa Aves Cantábricas llega también de nuevo con su servicio ‘Rutas guiadas en barco por las marismas de Santoña’, con un calendario de salidas previstas hasta el mes de marzo, basadas en el horario diario de las mareas para poder optimizar la observación de las aves acuáticas.
La empresa se fundó en noviembre de 2005 con el siguiente lema: La conservación de la naturaleza no es nuestro objetivo, es nuestra meta.
Pasada más de una década, muchos clientes (re)conocen sobradamente nuestra particular forma de trabajar, donde impera la minimización del impacto potencial que puedan tener nuestros servicios y actividades en la fauna salvaje, especialmente en las especies más amenazadas y sus últimos bastiones cantábricos.
Uno de nuestros servicios señeros es, precisamente, esta ruta en barco, que fue una de las ideas originales en la gestación de Aves Cantábricas. Esta ruta lleva a un máximo de 6 afortunados observadores a conocer durante más de 2 horas el corazón del estuario mejor conservado del Cantábrico (a pesar de sus múltiples afecciones, que no son objeto de este escrito) desde un prisma insuperable y bajo la supervisión (nunca mejor dicho) de un genuino observador (y disfrutador) de la naturaleza cantábrica en su máxima expresión. Nuestra embarcación, el Cofre, navega siguiendo siempre la misma ruta, sin prisa, sin pausa, para poder disfrutar de la observación de las aves acuáticas. En lugar de perseguir a las especies objetivo, el capitán del Cofre traza su rumbo y sigue el recorrido establecido ya en noviembre de 2005. No se persigue a las especies objetivo, sino que cuando se localiza alguna de ellas, el Cofre reduce su marcha para que puedan ser mejor ‘paladeadas’ desde prismáticos y telescopios.
Aun así, lógicamente algunas aves modifican su comportamiento al paso del Cofre, asumimos que como de cualquier otro barco de dimensiones similares, y un número determinado vuelan para alejarse. Esto era claro que iba a ocurrir, máxime cuando los efectos de las molestias a las aves procedentes de diferentes actividades humanas era (y es) una de las líneas de investigación principales de quien suscribe.
Las actividades humanas provocan perturbaciones en la fauna salvaje; en particular en las áreas protegidas debe haber una regulación para garantizar un adecuado uso y disfrute de los recursos que se tratan de preservar. Dependiendo de la frecuencia de las mismas y de su impacto deben ser prohibidas o reguladas, espacial y/o temporalmente.
Por ello, en connivencia con las autoridades competentes en ese momento (2005), se aprobó la autorización para desarrollar esta actividad turística en una zona protegida con el condicionante de realizar un ‘Estudio de las perturbaciones sobre las acuáticas asociadas al tránsito de una embarcación turística ligera en el estuario del Asón’. El diseño del estudio, esto es, la aproximación seleccionada para tratar de medir la respuesta de las aves y, a posteriori, poder analizar los resultados y proponer, en base a los mismos, las oportunas medidas de regulación, fue asimismo aprobado previamente por las autoridades competentes. Y así empezó el estudio, los primeros datos los primeros días del año 2006, repitiendo el mismo varias veces por temporada durante las dos siguientes, hasta febrero de 2008. Unos años después, decidimos volver a realizar el estudio durante otras tres temporadas consecutivas, comenzando en diciembre de 2012, hasta marzo de 2015, para analizar si el patrón de molestias era similar al ya observado, o si había alguna incidencia nueva. La naturaleza no es estática, como bien conoce el/la avezado/a observador/a que lee este escrito, afortunadamente ¿cierto?, sino bien dinámica; y lo que hoy es de una manera, quizás otro año pueda ser diferente. Y se puede aprender, claro, si es una motivación aprender de la naturaleza: el caso de Aves Cantábricas.
En el marco de nuestro compromiso perseverante con el uso y disfrute de la naturaleza aportando criterios útiles para la conservación de la misma … para un momento: ¿pero esto no es el mantra de todas las empresas que hacen ecoturismo? efectivamente, pero muy pocas son capaces de demostrarlo con hechos (las palabras se las lleva el viento); tenemos en inmenso placer de informaros que los resultados de ese estudio han sido publicados recientemente en la revista Journal for Nature Conservation, incluyendo una recomendación concreta basada en la Distancia de Inicio de Vuelo medida durante los seis años que se hizo el estudio, que pensamos es extrapolable a muchas otras áreas similares, en particular las de la cantábrica. Ojalá cuaje.
Traducido de McFadden TN, Herrera AG & Navedo JG. 2017. Waterbird responses to regular passage of a birdwatching tour boat: Implications for wetland management. J Nature Conservation 40: 42-48.
Un recorrido de un solo barco perturbó en promedio 0.3% de las poblaciones invernantes en las marismas de especies no objetivo y 2.8% de las poblaciones de las especies objetivo, con un efecto más pronunciado en las especies objetivo debido a sus poblaciones más exiguas. La carga alar se asoció positivamente con la distancia de vuelo tras la perturbación. Sobre la base de los FID (distancia de inicio de vuelo) medidos, se calculó una zona de amortiguación global para todas las especies de un radio de 100 m, y zonas de amortiguamiento específicas para cada especie que varían de 41 a 211 metros. La incidencia de las molestias y el número de aves perturbadas por viaje fueron mayores en los canales de menos de 200 metros (en bajamar), donde los barcos se ven obligados a pasar a menos de 100 m de las aves acuáticas (en una u otra orilla). Exigimos cautela al permitir el paso de los barcos a través de los canales de marea en los que los operadores no puedan mantener efectivamente las zonas de amortiguamiento recomendadas entre su barco y las aves acuáticas.
Si te interesa el artículo completo, no dudes en escribir a avescantabricas@gmail.com y gustosamente te lo enviaremos. Aprovechamos estas líneas para agradecer de nuevo a Paco Belén, Dani Briz, Manolo Alcántara, Carlos Gómez, Luis Torralbo y David Arranz, quienes pilotaron en diferentes momentos el Cofre a lo largo del estudio reportado aquí. Óscar Carazo, Andrés Chocarro, José Antonio López-Constante, Ángel Ruiz, David Álvarez, Xulio Valeiras, Esther Abad, Óscar Llama, David García, Luis López-Areal, Guillermo Pérez y Javier Aizcorbe, quienes participaron en alguna de las rutas y certificaron con sus firmas que los datos presentados en este manuscrito científico eran fiel reflejo de la realidad observada siguiendo la metodología descrita. Esto es importante porque ayuda a despejar cualquier lógica (y necesaria) duda que pudiera haber suscitado en el editor y revisores anónimos, valedores finales de las recomendaciones propuestas en cualquier manuscrito, la medición de los efectos por parte de la propia empresa operadora.
Finalmente, dedicamos el manuscrito (y estas líneas) a mantener viva la memoria de nuestro querido amigo Francisco Romero, ‘guarda mayor’ del estuario del Asón (la balsa, como a él le gustaba decir), quien nos dejó hace ya casi dos años, pero su recuerdo permanecerá por siempre vivo en las marismas.

Saludos australes,

En Valdivia, Chile, a 30 de octubre de 2017


Dr. Juan G. Navedo
Universidad Austral de Chile
jgnavedo@uach.cl








24 de noviembre de 2017

Tanzania; 8ª parte ARUSHA

Con esta entrada concluyo la crónica del viaje a Tanzania de la pasada primavera y que debido a la falta de tiempo se ha alargado más de lo que hubiera deseado. El día 3 de abril realizamos nuestro último safari en Tanzania, en esta ocasión visitando el Parque Nacional de Arusha, a priori ya sabíamos que era el más flojo de los Parques Nacionales y Área de Conservación que visitamos en nuestro viaje (Tarangire, Ngorongoro, Serengeti y Manyara), aún así, su paisaje eminentemente forestal es muy atractivo y algunas especialidades faunísticas como el colobo guereza o guereza abisinio Colobus guereza, el antílope jeroglífico Tragelaphus scriptus o el águila coronada Stephanoaetus coronatus hacen de su visita muy recomendable si se dispone de tiempo.

El Parque Nacional de Arusha se localiza en el norte de Tanzania, fue declarado en 1960 sobre una superficie de 137 Km cuadrados, siendo uno de los más pequeños del país. Está ubicado a los pies del mítico Monte Meru de 4.558 m de altitud y de carácter sagrado para diferentes culturas. También destacan el antiguo cráter del Ngurdoto y el lago Momella con diversas aves acuáticas. 




Cumbre del sagrado Monte Meru (4.558 m)





Entrada al Parque Nacional.




Nada más adentrarnos en el ecosistema forestal del Parque de Arusha, los primeros protagonistas fueron los primates, en especial el colobo guereza del cual vimos varios grupos alimentándose y moviéndose por los árboles, en ocasiones realizando espectaculares saltos de árbol en árbol, volando literalmente en el dosel arbóreo. 


Colobo guereza o abisinio Colobus guereza









Otro de los primates que pudimos observar en nuestro recorrido por el sector arbolado del Parque fue el mono azul Cercopithecus mitis.




Probablemente la observación de la jornada y una de las más llamativas del viaje, fue el encontrarnos con este ejemplar juvenil de águila coronada africana Stephanoaetus coronatus. Se trata del segundo águila de mayor tamaño del África oriental, sólo superada en altura por el águila de Verreaux, aunque el águila marcial la supera en envergadura (no en altura). Se trata de un gran águila adaptada a la caza dentro del bosque, con alas cortas y anchas y cola larga con la que maniobrar. Se alimenta principalmente de primates y pequeños herbívoros. 






Una de sus presas potenciales son las crías de papión oliva Papio anubis.





Ejemplar albino




En los sectores más abiertos predominaban los grandes herbívoros, con especies como búfalo cafre, cebra común, antílope acuático o el antílope jeroglífico.




Jóvenes ejemplares de antílope acuático o cobo de agua  Kobus ellipsiprymnus midiendo sus fuerzas.






Antílope jeroglifico Tragelaphus scriptus. Macho y hembra.





Las espectaculares jirafas Giraffa camelopardalis también se dejaron ver en los sectores abiertos.





Al igual que el facóquero común Phacochoerus africanus




Arusha es también un buen destino para ver diversos grupos de aves, tales como rapaces, forestales, acuáticas...

Cucal cejiblanco Centropus superciliosus 




Secretario Sagittarius serpentarius




Cerceta de El Cabo Anas capensis




 Francolín escamoso Francolinus squamatus




Pájaro ratón común Collius striatus




Tejedor de Speke Ploceus spekei




Bulbul común Pycnonotus barbatus




Busardo augur oriental Buteo augur 





Y aquí termina la crónica del para siempre ya inolvidable viaje a Tanzania, en las próximas entradas del blog retomaré el contenido puramente cantábrico, recuperando un importante material que he ido acumulando a lo largo de estos meses, de especies como oso pardo, lobo ibérico, gato montés o picamaderos negro.

30 de octubre de 2017

Tanzania; 7ª parte MANYARA

Retomamos con esta nueva entrada la crónica del viaje a Tanzania de la pasada primavera. En esta ocasión con la visita realizada al Parque Nacional del Lago Manyara el día 2 de abril. Dicho Parque Nacional fue declarado en 1960 sobre una superficie de 325 Kilómetros cuadrados, estando localizado en la región de Arusha, al Norte del país. El Parque se compone por el lago Manyara, que alcanza una superficie total de 240 Kilómetros cuadrados en la estación húmeda, además de bosques y tierras abiertas. Se trata de un lago salino y poco profundo situado en el denominado Gran Rift y localizado en la rama de los lagos Natron-Manyara-Balangida. Al Este del lago Manyara se localiza el corredor de fauna salvaje Kwakuchinja que permite migrar a los grandes mamíferos salvajes entre diversos parques y áreas de conservación como Tarangire en el Sureste o Ngorongoro y Serengeti al Norte. Además de por sus grandes mamíferos (jirafa, búfalo, hipopótamo, elefante, leopardo o león) , este Parque destaca por ser un excelente lugar para la observación de aves, especialmente las acuáticas. 





Desde media mañana y hasta media tarde, hicimos un recorrido en vehículo por el interior del Parque, comenzando en un sector forestal donde localizamos primates, elefantes y algunos herbívoros para finalizar la visita en el entorno del lago y sus zonas húmedas aledañas, donde predominó la observación de una gran diversidad de aves.

Pudimos observar dentro del bosque varios grupos familiares de papión oliva Papio anubis.







Compartiendo hábitat y espacio con el babuino apareció el mono azul Cercopithecus mitis, un primate originario del África central y oriental que vive en grupos de entre 10 y 40 ejemplares.







En los claros del bosque se encontraban algunos herbívoros como impala, cebra común o búfalo común.

Impala Aepyceros melampus hembra




Cebra común Equus quagga




Búfalo cafre Syncerus caffer




Impala Aepyceros melampus machos adultos y machos jóvenes





Las aves son también protagonistas en Manyara, con especies tan bonitas como el abejaruco chico Merops pusillus.




O la espectacular grulla coronada cuelligris Balearica regulorum, que gusta de vivir en parejas. 






Otra de las especies más emblemáticas de Manyara es el elefante africano Loxodonta africana. Tuvimos la ocasión de ver varios grupos dentro del bosque, uno de ellos nos rodeó tranquilamente mientras proseguía con su actividad, pasando junto a nuestro vehículo sin inmutarse. Permanecimos en silencio, sin realizar movimientos bruscos que pudieran asustarles, disfrutando de uno de los momentos mágicos de viaje. 






A continuación unos vídeos de la manada en el bosque.




A orillas del lago esta espectacular jirafa Giraffa camelopardalis




También algunos bandos de flamenco enano Phoeniconaias minor




Un grupo de papión oliva se alimentaba en un espacio abierto entre el lago y el bosque.




Al igual que este ejemplar de cálao terrestre sureño Bucorvus leadbeateri 




O estas cebras comunes que parecían posar para nuestros objetivos.




En las proximidades del agua la comunidad de aves incrementaba sus números y diversidad. Marabú africano, tántalo africano, pelícano vulgar y ceñudo, espátula africana... eran algunas de las aves de mayor tamaño que pudimos observar.





Espectacular concentración de pelícano vulgar Pelecanus onocrotalus.




Espátula africana Platalea alba



Tántalo africano Mycteria ibis




También eran comunes diversas especies de ardeidas como garceta negra Egretta ardesiaca, garza mediana Mesophoyx intermedia, garcilla cangrejera Ardeola ralloides o martinete común Nycticorax nycticorax.





Pelícano común Pelecanus onocrotalus



Entre tantas aves unos gigantes, el hipopótamo común Hippopotamus amphibius.





Tántalo africano y espátula africana compartiendo posaderos.





Pelícano ceñudo Pelecanus crispus




Alcaraván acuático Burhinus vermiculatus




Jacana africana Actophilornis africanus




Jaribú africano Ephippiorhynchus senegalensis